Ismael Mariño, Cecilia Enríquez, Christian Appendinni, Briggita van Tussenbroek, Edgar Escalante y Miguel Gómez

Las invasiones siempre son indeseables. Van desde la invasión de hordas de piratas y bucaneros que ultrajaban ciudades costeras del Caribe, hasta la invasión a nuestros cuerpos de alguna enfermedad o parásito que acarrean destrucción y muerte.

El sargazo invadió las paradisiacas playas del Caribe mexicano de forma inimaginable, comenzando con un nauseabundo evento durante el verano de 2015, continuando cada año hasta la fecha con reapariciones indeseables –algunas de ellas con gran vehemencia–, dejando a su paso una huella oscura y fúnebre transformadora de las costas.

Una de las mejores vías que tenemos para detectar el sargazo en el mar son las imágenes satelitales. Analizando las imágenes entre 2014 y 2020, vemos que los sitios preferidos de invasión (recurrencia) se encuentran desde el área natural protegida de Sian Ka’an hasta el megadesarrollo turístico de Cancún. En realidad toda la costa quintanarroense está afectada. También, con imágenes satelitales se detectó sargazo en mar abierto en los años 2018 y 2019, acabando en arribazones a playa particularmente abundantes.

La figura 1 compara esta presencia de sargazo mar adentro, detectada con un satélite LANDSAT, con estimaciones de arribazones a playa capturadas con cámaras de video en la costa de Puerto Morelos, instaladas en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM. Las arribazones a la playa han tenido una periodicidad marcada, con invasiones de sargazo más abundantes en verano y una reducción fuerte durante otoño (septiembre a diciembre).

En 2018 y 2019 la afluencia de sargazo comenzó a ser evidente desde enero. Esta periodicidad notoria en los arribos a playa ha motivado la instauración de una “temporada de sargazo” por parte del gobierno del estado de Quintana Roo; sin embargo, su origen es todavía enigmático y la persistencia de este comportamiento podría cambiar en el futuro.

Arribo de sargazo, marea marrón y erosión de playas

El sargazo arriba a la costa por acción combinada del viento y las corrientes marinas. Sin embargo, “corrientes marinas” es un término ambiguo, su comportamiento depende de la suma de múltiples fenómenos, algunos persistentes, otros recurrentes (periódicos) y otros aleatorios (producto de coincidencias). En el Caribe mexicano existe una corriente poderosa y de amplia escala, partícipe de la circulación global, que se mueve consistentemente hacia el norte: la corriente de Yucatán. Esta representa la vía principal por donde el sargazo circula. Sin embargo, cambios en la orientación de la línea de costa desde Tulum hasta Cancún y el arrastre superficial del viento y del oleaje (ambos predominantes del SE), hacen que el sargazo se encamine hacia las playas.

Cuando el sargazo llega a la costa, las olas se encargan de aprisionarlo contra la playa. Después, las variaciones de nivel del mar, como las mareas, lo redistribuyen pendiente arriba de la playa.

En las playas se degrada a consecuencia de su inmovilidad y desecación: pudre, contamina y tiñe la costa con un lixiviado marrón oscuro que oscurece el hábitat costero, erradicando las praderas de pastos marinos cercanas a la costa. El lixiviado se agrega a un ambiente ya impactado con gases, materia orgánica, arsénico y otros contaminantes.

Los excesos de un desarrollo costero mal planeado han producido una epidemia de erosión de playas en el Caribe mexicano, la presencia del sargazo agrava el problema. La desaparición de pastos marinos merma la protección que este ecosistema proporciona a las playas.

Un problema conjunto es que la remoción mecánica de sargazo con maquinaria pesada irremediablemente secuestra arena. Además de estos dos mecanismos de erosión de playas, existe otro posible, quizá más persistente.

En éste, el sargazo, empujado por las olas, forma un obstáculo vertical a modo de muro en la cara de la playa. Este “muro de sargazo” provoca que la ola rebote (reflexión) y en su camino de regreso al mar, la onda reflejada se fusiona con las olas incidentes, incrementando su altura y favoreciendo así la remoción de sedimento de la base del “muro de sargazo”, provocando erosión de la playa (ver figura 2).

Esta desafortunada consecuencia del sargazo se suma al deterioro del ambiente costero y golpea uno de los aspectos más sensibles de la actividad turística, pues sin playa y con un hedor marrón que usurpa el tranquilizante azul turquesa del Caribe, la romántica idea de unas vacaciones caribeñas se desmotiva, impactando la economía quintanarroense.

Remoción natural de sargazo en playas

Un aspecto interesante a notar en la figura 1 es que la marcada periodicidad de arribazones en playa no solo depende de cuánto sargazo está viajando en mar abierto. Existen ocasiones en las que hay una gran cantidad de sargazo en el mar que no arriba a la playa, como sucedió en diciembre 2015 y enero 2019.

Esto sugiere que las condiciones de transporte que predominan mar adentro y las que existen cerca de la costa pueden ser distintas y vinculadas a la hidrodinámica del mar para evitar que el sargazo llegue a la playa o de expulsarlo de regreso si lo logra.

Esto es notorio en lagunas arrecifales, como Puerto Morelos, donde la circulación está dominada por el efecto del oleaje que rompe en las crestas de los arrecifes (figura 3a), y es prácticamente independiente de la corriente de Yucatán. Bajo condiciones de tormenta (nortes intensos o tormentas tropicales) la acción energética de las olas en la cara de la playa puede tener la capacidad de penetrar la valla de sargazo, desmembrarla y provocar su transporte hacia la laguna arrecifal (ver figura 3b), donde la misma circulación de la laguna se encarga de expeler la macroalga al mar.

Esto ocurre preferencialmente durante otoño e invierno (época de tormentas del norte y noreste) o bajo la presencia de alguna tormenta tropical.

Capacidad autodepurativa del sistema

Cuando hay cantidades moderadas de sargazo en playa, las tormentas pueden removerlo de manera natural, logrando restablecer el sistema. Esta capacidad depurativa se obstruye si llegan cantidades excesivas, la hidrodinámica no logra limpiar la laguna por completo, acumulando lodos en el fondo que pueden ser resuspendidos por el oleaje, impactando la calidad del agua. Bajo estas condiciones se necesitaría una tormenta muy intensa para lograr el efecto purificador.

No podemos depender de las tormentas para recuperar los ecosistemas de los efectos del sargazo, por lo que es imperante comprender mejor la dinámica de este fenómeno y buscar soluciones integrales al problema, lo que involucra, a nivel local, evitar su fertilización controlando las descargas residuales, y evitar que la macroalga se acumule en la playa, interceptándola en su camino.

Ismael Mariño, ENES-UNAM-Mérida
Cecilia Enríquez, Sisal-UNAM
Christian Appendinni, Sisal-UNAM
Briggita van Tussenbroek, ICML-Puerto Morelos
Edgar Escalante, ICML-UNAM-Puerto Morelos
Miguel Gómez, ICML-Puerto Morelos
Correo-e: imarino@cinvestav.mx