Anuncian megaproyecto asociado a la actividad petrolera en el Golfo de México 



Ciencias del mar y de la Tierra 

 

Este 27 de noviembre el CICESE anunció el inicio del proyecto de investigación más grande que ha suscrito jamás, y que permitirá en los próximos cinco años utilizar todas las ventanas de observación y exploración oceanográfica para entender cómo funciona el Golfo de México y, con ello, modelar escenarios -principalmente mapas de riesgo, tiempos de arribo y estimaciones de impacto- que permitirán a las autoridades tomar decisiones más racionales en caso de ocurrir derrames de hidrocarburos en esa región.

El proyecto se denomina “Implementación de redes de observaciones oceanográficas (físicas, geoquímicas, ecológicas) para la generación de escenarios ante posibles contingencias relacionadas a la exploración y producción de hidrocarburos en aguas profundas del Golfo de México”.

Es patrocinado por el Fondo Sectorial CONACYT – Secretaría de Energía – Hidrocarburos, por un monto superior a los 1,500 millones de pesos, y en él participan 80 investigadores de 9 institutos, universidades y centros de investigación, así como la empresa Baja Innova, siendo el CICESE la institución líder del consorcio.

Para el responsable del proyecto, el Dr. Juan Carlos Herguera Pérez, investigador del Departamento de Ecología Marina del CICESE, el proyecto permitirá a toda la comunidad oceanográfica mexicana “subirse al tren de la oceanografía del siglo XXI”, teniendo como gran reto el que todos los datos, todas las observaciones y toda la experiencia de quienes participan tengan sentido para los demás, “pues hasta ahora la comunicación entre expertos ha sido siempre limitada”.

Para destacar la importancia de este megaproyecto y dimensionarlo, el Dr. Federico Gaef Ziehl, director general del CICESE señaló que este año la institución ha suscrito dos iniciativas muy importantes: el Centro Mexicano de Innovación en Energía Geotérmica (CEMIE-Geo), por un monto de 950 millones de pesos, y este proyecto, por 1,500 millones.

Estamos hablando de una captación de recursos por el orden de 2 mil 400 millones de pesos, que es cuatro veces el monto del ejercicio fiscal que ejecutó el CICESE en 2014 (550 millones de pesos aproximadamente). “En términos económicos esto nunca había pasado”, aseguró.

Por otra parte, dijo que el proyecto tiene tres objetivos principales relacionados con la realización de mediciones para establecer una línea base del estado actual y la variabilidad esperada en el gran ecosistema del Golfo de México; la generación y utilización de tecnologías de vanguardia para observar el océano, sobre todo en caso de un derrame, y la construcción de modelos que generen mapas de riesgo, tiempos de arribo y estimación de impactos en forma eficiente.

Para lograrlo se plantean cinco líneas de acción: 1. Plataformas de observación oceanográfica, responsable Dr. Francisco Ocampo Torres; 2. Línea base y monitoreo ambiental, responsable Dra. Sharon Herzka Llona, 3. Modelos numéricos de circulación y biogeoquímica, responsable Dr. Julio Sheinbaum Pardo; 4. Degradación natural de hidrocarburos, responsable Dr. Alexei Licea Navarro, y 5. Análisis de derrames, responsable Dra. Paula Pérez Brunius. Todos ellos son investigadores del CICESE.

El esquema general de trabajo contempla realizar 32 cruceros oceanográficos en cinco años en tres grandes regiones del golfo: la región central, la más profunda, a cargo del CICESE; el cuadrante suroeste del golfo, a cargo de la UNAM, y el cuadrante noroeste, en la plataforma de Yucatán y la región denominada Perdido -que es donde probablemente inicie la extracción de petróleo en aguas profundas- a cargo del CINVESTAV – Mérida.

Se contempla también realizar observaciones oceanográficas de variables meteorológicas y físicas. Para ello, se construirán boyas para usarlas en aguas profundas y regiones costeras; se colocarán anclajes instrumentados en los estrechos de Florida y Yucatán para entender las condiciones en las fronteras del golfo; se utilizarán radares de alta frecuencia para determinar corrientes superficiales y condiciones de viento y oleaje; sensores remotos en aviones y satélites para obtener imágenes de la superficie del mar y determinar así concentraciones de clorofila, seguimiento de derrames, oleaje y viento.

Se adquirirá un potente sonar para instalarlo en el buque oceanográfico Justo Sierra, propiedad de la UNAM, y conocer así las características del suelo marino utilizando técnicas de reflexión acústica; se desarrollarán tecnologías de información para comunicar boyas con satélites, y se utilizarán vehículos sumergibles autónomos (gliders) de gran autonomía y dotados con diversos sensores, entre ellos de conductividad y presión.

Dos puntos adicionales tienen que ver con la modelación de los escenarios esperados, y la realización de experimentos que validen los resultados de estos modelos.

Si en algo tiene experiencia el CICESE es en aplicar modelos de circulación, especialmente en el Golfo de México. Lo novedoso ahora, el reto, es acoplar otros aspectos y procesos a modelos biogeoquímicos. Esto es: se deberá modelar el movimiento de las partículas de hidrocarburos incorporando, dentro de estas simulaciones, la información que otros participantes van a obtener, por ejemplo, sobre poblaciones de bacterias.

Por ello es que serán muy importantes los estudios que definan las áreas donde son dominantes ciertas bacterias que degradan cierto tipo de hidrocarburos. Esta información deberá sumarse a los modelos numéricos para tratar de establecer con precisión cuál será el “desenlace” de un derrame considerando el tipo de petróleo que se trate y el lugar de difusión (sitio y profundidad).

El Dr. Julio Sheimbaun Pardo, responsable del grupo de modelos numéricos, dijo que se trata de una aportación sin precedente. “No conozco que otro centro de investigación en el mundo haya hecho algo así, fundamentalmente por la falta de información…”

Otro aspecto novedoso son los experimentos sobre dispersión de partículas en la columna de agua de mar que se van a realizar en la región de Perdido.

La Dra. Paula Pérez Brunius, responsable de la línea de Análisis de derrames, dijo que los modelos son importantes porque permiten simular diferentes escenarios ante la presencia de un derrame. Pero si no hay suficientes observaciones, son deficientes para simular procesos a escalas muy pequeñas.

Por eso, con experimentos muy concretos en esa zona, harán mediciones directas de dispersión de partículas a diferentes profundidades de la columna de agua de mar, y desde aguas profundas hasta la costa, para tratar de entender qué parámetros o “forzantes” son los que más influyen en la dispersión de un derrame, cómo se comporta al arribar a la región costera, y para validar la incertidumbre de los modelos numéricos.

El Dr. Herguera consideró que la aprobación y determinación de que el CICESE lidere este megaproyecto es resultado de 20 años de experiencia en estudios oceanográficos de este centro en el Golfo de México. Recordó los primeros estudios de correntometría profunda en el estrecho de Yucatán que desde mediados de los años 90 hizo el Departamento de Oceanografía Física a través del grupo Canek, que permitieron entender la circulación entre el Mar Caribe y el Golfo de México.

Con este antecedente, Petróleos Mexicanos contrató en 2007 al CICESE para realizar estudios oceanográficos específicos que permitirán eventualmente la explotación de yacimientos profundos de hidrocarburos en el golfo. Posteriormente, tras el derrame en la plataforma petrolera DeepWater Horizon en 2010, se pudieron ligar los procesos físicos que ocurren a profundidades de hasta 3 mil metros, con los ciclos biológicos y químicos del Golfo de México, y determinar su relación con las cadenas tróficas y pesquerías, en una serie de cruceros que también fueron encabezados por personal del CICESE.

El consorcio que que tiene a su cargo el megaproyecto lo integran el CICESE como institución líder; el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, unidad Mérida; cuatro dependencias de la UNAM (el Centro de Ciencias de la Atmósfera y los institutos de Ciencias del Mar y Limnología, de Biotecnología y de Geofísica); el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial; la Universidad Autónoma de Baja California; el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, y Baja Innova, SAPI de CV, como la empresa asociada al consorcio. Colaboran también prestigiosos académicos de otras instituciones nacionales y del extranjero.