Para V. Ferreira, quien hizo la ciencia hermosa para tantos.

El 3 de junio de 1979 explotó Ixtoc I, un pozo exploratorio en la bahía de Campeche en el Golfo de México. Se estima que se derramaron 3.3 millones de barriles de petróleo antes de que fuera controlado (un barril son 158.99 litros). Se cubrieron 2,800 kilómetros cuadrados con dispersante para combatir el derrame. Se considera uno de los derrames de hidrocarburos más grandes de la historia.

Imagen de Scripps Newspaper.

Horacio de la Cueva* / 4 Vientos / Foto destacada: Luisiana, Estados Unidos, 6 de mayo de 2010. Vista aérea del petróleo filtrado desde la cabeza del pozo Deepwater Horizon, la plataforma petrolera arrendada por BP (British Petrolium) explotó el 20 de abril y se hundió después de quemarse, filtrando una estimación de más de 200,000 galones de petróleo crudo por día desde el oleoducto roto hasta el mar. Once trabajadores desaparecieron, presuntamente muertos (Daniel Beltra / Greenpeace).

Las corrientes dominantes llevaron el petróleo hacia las costas de Texas. Petróleos Mexicanos (Pemex) gastó 100 millones de dólares para limpiar y evitó los reclamos de daños argumentando inmunidad soberana por tratarse de una compañía paraestatal.

El 20 de abril de 2010 explotó el pozo BP Horizon en el Golfo de México. Derramó 4.9 millones de barriles de crudo, cubrió 149,000 kilómetros cuadrados y costó 20 mil millones (billones americanos) de dólares para compensar los daños ambientales y económicos que provocó.

De estos desastres surgen la necesidad de conocer las afectaciones posibles por derrame petrolero en aguas mexicanas y sus impactos en el Golfo de México y en las costas de México, los Estados Unidos y Cuba.

Los desastres petroleros en el Golfo han sido grandes y muy dañinos. Las noticias nos enteran de que siempre habrá el riesgo de un derrame petrolero y sus consecuencias; por eso, en México no podemos descartar que un accidente como Ixtoc o BP Horizon se repita. No sólo es necesario prevenirlo; también se deben predecir sus posibles consecuencias para controlar su daño eficientemente.

Surge así la necesidad de conocer esa gran mar, ese ecosistema de importancia global que es el Golfo de México. Pemex, junto con la Secretaria de Energía (Sener) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), decidió que no había suficiente conocimiento sobre el Golfo de México como para poder predecir cómo y a quién afectaría un derrame grande.

Cortesía.

Surge de esa necesidad, y de un presupuesto a la altura del reto, el Gulf of Mexico Research Consortium (Cigom). La misma formación y administración del Cigom ha sido un reto.

Este consorcio de investigadores e instituciones aprendió en poco tiempo mucho sobre el Golfo de México. De este esfuerzo han surgido innumerables artículos científicos y tesis, y se ha desarrollado equipo técnico y licencias. Todos estos logros reflejan el esfuerzo y dedicación del gran —por numeroso y bueno— equipo Cigom.

Este conocimiento generado pudo haberse quedado en el ámbito académico y en las oficinas de Conacyt, la Sener y Pemex, listo para ser usado en contingencias. También el conocimiento académico continuará y seguiremos conociendo con más detalle al Golfo de la forma como lo sabe hacer la ciencia: con preguntas nuevas, con nuevos retos tecnológicos y con resultados que serán escudriñados hoy y mañana; siempre para mejorar nuestro conocimiento.

Muchas veces allí se queda el trabajo académico, pero no es suficiente. ¿Cómo se convence a un público no especializado de la importancia y alcance del trabajo de Cigom? Este público es amplio. Incluye funcionarios y políticos, estudiantes de todo nivel y, ante todo, los ciudadanos de a pie que pagaron y pagarán sus impuestos y tarifas para que este conocimiento sea una herramienta al alcance de todos.

Qué mejor forma de ilustrar la extensión del trabajo que con el gran Atlas Oceanográfico del Golfo de México que en Ensenada (Baja California) se hizo público el pasado 9 de diciembre. Me atrevo a calificar esa publicación como una enorme herramienta enciclopédica por su alcance y formato que resumen lo que hoy sabemos del Golfo de México.

La batimetría del Golfo de México. En rojo, la Plataforma Continental (Research Gate).

En su versión de compuestos de celulosa, su tamaño y calidad son indiscutibles. Los mapas son de gran calidad e ilustrativos, aunque a veces no encontré el sentido de las enumeraciones.

Las fotografías de Claudio Contreras Koob y las de otros muchos contribuyentes del equipo CIGoM dan al atlas una elegancia a la que pocos se atreven ahora, tanto por el costo como por no contar con un acervo fotográfico de esta calidad y tamaño.

La versión pdf está al alcance de todos y nos permite no acarrear al hombro 20 kilogramos de conocimiento.

¿Es útil para otros científicos, expertos y curiosos? Tengo pruebas que así lo demuestran. Yo ya he citado contenidos de sus volúmenes de tortugas y mamíferos en artículos de revisión de ciencia en Latinoamérica: ello para ilustrar el trabajo que se puede lograr y los retos que nos queda por enfrentar en la ciencia mexicana.

Queda un desafío para todos. Un lance que esperemos nunca se dé: El Derrame que pondrá a prueba las capacidades de todo el equipo CIGoM para integrar y poner en la práctica todo lo que aprendió y se aprenderá, para determinar con exactitud el daño y sus consecuencias. Esperamos que ese reto nunca llegue; pero si se da, creo ya estamos preparados para enfrentarlo.

* Es Doctor en Filosofía (Zoología) por la University of British Columbia, Canadá. Investigador titular del Departamento de Biología de la Conservación en el CICESE. Especialista en Biomecánica, Conservación de especies y ecosistemas. Es coordinador del programa de Maestría en Administración Integral del Ambiente por parte del CICESE y el COLEF.

Ensenada, B.C., México, lunes 13 de diciembre del 2021.

Tomado de: 4vientos